En este pequeño ciclo que aquí comienza (suerte de copia al Rome) publicaré algunas entrevistas que hice (en este caso hicimos, junto a mi compañero Hernán Amar) y que según mis amigos valen la pena leer, ya que muchos no tienen acceso a los medios que las publican. En este caso Felipe Pigna -tipo que me cayó muy bien-, aprovechando su paso por El Gen Argentino, que tuvo como “vencedor” a San Martín, uno de los proceres que suele nombrar seguido. La nota es de hace casi dos años, y debí editarla por demás para mi gusto por el medio en el que se publicaba. Igual, por las grietas no sólo se filtra el agua.
Cultura
“No existe una mirada objetiva, sólo honesta”
Es historiador, docente, escritor y director de múltiples proyectos relacionados a la profesión. Participa diariamente en radio, televisión, diarios y revistas, y sus libros encabezan las listas de ventas. Felipe Pigna, sin los humos de la intelectualidad, afirma que es el compromiso con la realidad lo que lo une a la historia.
Texto: Pablo Donadio / Fotos: Oscar Serra
Es el escritor argentino del momento, pero hay mucho más que eso a cuestas: charlas y seminarios, columnas para diarios, revistas, radio y televisión, guiones documentales, asesoría para medios internacionales, dirección de proyectos universitarios, jefaturas en departamentos de historia… el curriculum de Felipe Pigna (46) parece inagotable. ¿Pero dónde está parado el sobrio académico que devino en hombre público tras al éxito de sus libros y la miniserie Algo habrán Hecho? Da la impresión que en el mismo lugar de siempre: “Que la gente te pare por la calle es gratificante, pero tiende a marearte. Hay que estar atento para no caer en esa situación, sería fallarle a la gente y peor, a uno mismo”.
¿Por qué el auge en los libros de historia?
A partir del 2001 estalló un modelo de país que provocó una suerte de replanteo sobre la identidad nacional. La gente empezó a buscar algunas explicaciones a tanto desastre, porque no era imposible explicar la quiebra de la Argentina en lo inmediato, había que remontarse a una situación más estructural. Hubo un resurgimiento nacionalista en el sentido positivo de la palabra, con manifestaciones sociales como el trueque y las asambleas que mantuvieron activa a la gente en medio de la crisis. Así la bandera comenzó a tomar otro sentido y hubo una búsqueda de buenos ejemplos en la historia.
¿Cuál es el papel de un historiador en este sentido?
Yo digo que todo historiador, como ocurre con los grandes referentes del mundo, debe estar comprometido con su tiempo. Hoy se ve un incremento de gente que entiende que la historia sirve para comprender, para no repetir errores y analizar la realidad más seriamente. He notado en mis viajes por el país un giro muy claro. En 2002 me preguntaban: ¿quiénes son los culpables históricos? A partir del 2003 fue: ¿cuáles fueron los tipos que se la jugaron, los ejemplos de honestidad y patriotismo a seguir? Un cambio de mirada muy interesante.
¿Si se pasa un tamiz a la historia, son pocos los próceres que se salvan?
Yo creo que se salvan más de los que se hunden. Aparecen hombres como Guemes, que resistió nueve invasiones españolas; Belgrano, primer impulsor de la industrialización y defensor de la educación de la mujer en 1794; San Martín, Castelli, Moreno, Monteagudo… tantos. El tema es que se ha hecho una historia muy sesgada, poniendo el foco sólo en fechas patrias, datos que no dicen nada porque uno los aprende de memoria y al tiempo se olvida. El daño que se le ha hecho a San Martín transformándolo en un bronce es terrible. A los chicos hay que contarle que ese hombre cruzó los Andes con la úlcera perforada, y que no sólo era un tipo común, era peor que el común de la gente físicamente. Sin embargo sus convicciones y su amor por la patria lo llevaron a ser un ejemplo de gobernante y un gran escritor. Esto es muy distinto al militar duro que nos mostraban como paradigma, lo que te dice además que uno también puede lograr cosas, no sólo los iluminados. Esto no es abaratar ni hablar de la alcoba del prócer, pero sí humanizarlo. Además, su historia muestra que los hombres solos no alcanzan nada, porque todo líder va acompañado de un pueblo (en este caso el Ejercito de los Andes) que es el verdadero protagonista de la historia.
¿Cómo se reconquista ese idealismo?
Todavía hay mucho de esto en quien se levanta a las cuatro de la mañana para buscar trabajo por dos mangos, y no por ganar poco, sino por elegir la honestidad en un contexto que le es permanentemente hostil. Ese tipo dice: “quiero mirar a mis hijos a los ojos, voy a buscar trabajo, a ser honesto y mandar a mis pibes a la escuela pública”. Eso es lo más parecido a un prócer que yo veo.
Mitos de la Argentina vendió más de 250 mil ejemplares ¿Le molesta la mirada académica espantada por la masificación de la historia?
Que a mucha gente le llegue un material que habitualmente era para pocos no debería espantar a nadie y debería ser un derecho. Lo que me impresiona del libro es la variedad del sociograma: lo ha comprado gente de mucha plata, pobres, empresarios, jóvenes, piqueteros, jubilados… algo fabuloso. Esto me permite pensar que la gente está más tolerante y no quiere la versión maniquea entre buenos y malos, sino entender la historia desde un lugar más sensato. Afortunadamente creo que no existe una mirada objetiva, sólo honesta de la historia, por eso trabajo con la foto completa, no como hacía el Kremlin, que recortaba a los personajes que no le gustaban.
¿Qué mostraría una foto completa de algunos próceres “discutidos”?
Figuras antagónicas, como Rosas, que no fue solamente el de la mazorca sino un fiel defensor de la soberanía; o Sarmiento, que no sólo fue el padre del aula sino también quien el que dijo “no ahorréis sangre de gaucho”, mismos gauchos a los que después les hizo 800 escuelas. Yo critico la conquista del desierto y la guerra del Paraguay, pero hay que elogiar la capacidad organizadora de Roca y de Mitre. Qué sé yo, siempre son más tranquilizadoras las certezas, pero los personajes son seres humanos, y muchas veces contradictorios. Esto en definitiva hace interesante la historia, porque si habláramos de superhéroes sería tan aburrido como e irreal.
¿Cuál es la mejor forma de aprender historia?
Hay muchas, pero a mí me gustó lo que hemos propuesto en “Lo pasado pensado” donde yo doy una opinión del período y luego son los entrevistados, de una variedad absoluta, quienes dicen lo suyo. El lector tiene protagonismo, y es una buena forma de aprender, buscando el conocimiento y no algo ya masticado. Las verdades históricas son construcciones, y quien estudie historia debe leer mucho y variado. Por eso la primera lección es bañarse de tolerancia, la historia no es para fanáticos. El fanático es por lo general un ser de poca inteligencia, por más estudioso que sea, ya que no ve otra cosa que blancos o negros, cuando la mayoría de las cosas son más bien grises.
¿Lo impactaron algunos descubrimientos de sus investigaciones?
Un caso que siempre nombro es el del 2 de setiembre de 1587, que figura en el calendario como el Día de la Industria. Investigando encontré que una denuncia del gobernador contra el exportador, donde dice que en realidad la exportación declarada como bolsas de harina llevaba barras de plata del Potosí de contrabando. Ya pasaron muchísimos años y seguimos festejando como Día de la Industria lo que en realidad fue el Día del contrabando.
Nace el historiador. “De pibe me sentaba a escuchar las historias de la Patagonia que mi abuelo tan bien sabía contar”, explica Pigna, quien profundizó en la primaria el gusto por la historia. Ya en la secundaria, una profesora “muy estructurada” provocó que junto a un grupo de compañeros prepararan permanentes refutaciones a las versiones clásicas de los libros de Astolfi e Ibañez. “Allí descubrí que los libros te abren la cabeza, por eso recalco su importancia, mucho más en los chicos”. Hoy el historiador, que tuvo de maestro nada menos que a Eric Hobswan, mientras corre algunos velos oficiales, encuentra en la historia su pasión, y algunos mitos.
Qué busca el Pigna historiador?
Tengo la voluntad de que la gente se amigue con la historia, pero sin bajada de línea. Cuando doy charlas o estoy frente a un auditorio no hago conclusiones, me parece autoritario. Las conclusiones le corresponden al público. La bajada de línea tiene que ver con una cierta manipulación que está presente también en la historia.
¿Lo llamó algún descendiente de un prócer?
Sí, contentos y algunos enojados, aunque varios admitieron luego off the record que no sabían que su antepasado era corrupto y lo creían un ejemplo. Cuando les mostré pruebas de mi investigación se disgustaron mucho con esa historia falsa.
¿Cuánto debería pasar para que un hecho se considere histórico?
Un día, siempre y cuando haya tratamiento histórico, viendo quienes son los protagonistas, cuál es la relación entre partes, analizado con perspectiva. Creo que sería una discriminación absurda impedirle a un historiador hablar de un hecho reciente porque no pasaron 20 años. Además de los periodistas, politólogos y sociólogos, los historiadores tenemos un background importante que aportar.
¿Qué experiencia le dejó el trabajo con Pergolini en Algo habrán Hecho?
El programa lo hicimos pensando en los pibes y la gente que no accede a la educación, en acercar con un lenguaje básico nuestra visión de la historia. Mario me aportó una visión muy crítica e irónica de la vida, y si bien yo puse mi nombre académico de por medio, estoy orgulloso de lo que logramos. Fue un enorme y hermoso desafío convertir algo complejo en accesible. Hoy me paran por la calle muchos chicos interesados en la historia y maestras que piden el DVD para pasar en las aulas.
¿Y lo incomoda ser una persona pública?
Es algo nuevo para mí, pero trato de disfrutar el viaje. El transito de estudiante secundario a estudiante de profesorado, de profesor ignoto a más conocido y luego una persona pública, describe un viaje interesante, que merece ser disfrutado. Mi desafío es no perder de vista aquel estudiante, aquel profesor que fui.

Perfil
Felipe Pigna nació en Mercedes, provincia de Buenos aires, en 1959. Es profesor de historia de la Universidad de Buenos Aires y dirigió el proyecto Ver la Historia, documental que abarca 200 años de historia nacional. Es jefe del departamento de historia de la Universidad de Lomas de Zamora y director del centro de difusión de la historia de la Universidad de San Martín. Dirige la revista Caras y Caretas y es columnista de radio Mitre, Rock and Pop, diario La Voz del Interior, revista Noticias, Veintitrés y Todo es Historia. Asesora a las cadenas de televisión HBO y People & Arts (Estados Unidos), RAI (Italia) y Antena 3 (España). Conduce el programa de documentales históricos Vida y Vuelta, que se emite por Canal 7, y realizó junto a Mario Pergolini el ciclo Algo habrán hecho, ganador del Martín Fierro por mejor programa cultural. Es director de www.elhistoriador.com.ar, el sitio de historia más visitado del país, y algunos de sus libros, (Lo pasado pensado y Mitos de la Historia Argentina -I y II-), figuran entre los primeros en venta.