
No hace falta hablar de lo importante que fue Mario Bendetti para la literatura mundial y latinoamericana sobre todo, así como para la valoración de la vida en libertad y el pensamiento crítico, en una época plagada de dictaduras y autoritarismos. Para mí fue además un ser maravilloso, que me enseñó con sus libros, y al que admiré por su posición, en cada nota, en cada texto, en cada reportaje. A él hice mención en varias oportunidades, y pese al abandono de mi blog, no quise dejar pasar su muerte sin un comentario.
Gracias a sus libros comencé a leer novelas, algunos poemas, y a interesarme por algo más que los copetes de las noticias y las crónicas deportivas cuando empezaba a estudiar. Lo que más me gustaba de su repertorio eran los cuentos cortos: recuerdo decenas de ellos (ahora me viene a la mente Los Astros y vos, de Con y sin nostalgia) y mi lectura apurada cuando estaba allá por fines de los 90 en mis primeros trabajos y solía regalarme con cada sueldo una de sus obras. Así hasta conseguirlas casi todas. Fue una época que recuerdo con mucho cariño por tantas cosas, y acomàñada siempre por sus libros. Benedetti fue uno de esos tipos que trascendieron su profesión, uno de los que hubiera querido entrevistar sólo para estrecharle la mano y decirle gracias, gracias por el fuego.