
Se sabe, Mauri quiere cerrar (y van…) el Borda y el Moyano. Ajá, y por qué?
Su ministro de salud, Jorge Lemus, dijo más o menos que todo está mal y que el nuevo plan mejorará el sistema de salud mental, y los terrenos correspondientes a los hostpitales ”tendrán un aprovechamiento público, no serán parte de una especulación inmobiliaria”. El excelentísimo jefe de gobierno agregó: “Decidiremos en su momento qué uso darles”. Ah…
Según Clarín: “los miembros de la red de salud mental tienen dudas. El doctor Diego Friedman, jefe de Psiquiatría Ambulatoria del Tobar García, comentó: ´Está bien que planteen un cambio y obras, pero antes deberían terminar las que tienen en marcha, como los consultorios externos del Tobar, que son los que permiten darles el alta a los internados y seguirlos en forma ambulatoria´. Desde la Justicia, Gustavo Moreno, asesor tutelar en lo Contencioso Administrativo (participó en los diferentes amparos contra los neuropsiquiátricos), afirmó que ´no pasa por anunciar planes; si se cumpliera con la ley de Salud Mental alcanzaría. Las obras en los hospitales están atrasadísimas y falta personal´”.
La carta que sigue me la mandó Euge Birne, una amiga musicoterapeuta que trabaja en el Borda, y fue escrita por su compañera:
El “nuevo modelo” supone la construcción de 10 centros de internación con un número acotado de camas y una estancia breve, y de otras modalidades terapéuticas como una docena de hogares de día, además de casas de medio camino y familias sustitutas para 500 personas. ¿Dónde irán los pacientes que hoy en día viven en estos dos hospitales, que son alrededor de 2000? Al jefe de gobierno porteño y al ministro de salud no parece importarles demasiado.
“La situación actual es una vergüenza. Queremos que Buenos Aires tenga un sistema de salud mental que garantice la dignidad y respete los derechos humanos de los pacientes. Antes de los 24 meses vamos a pasar de este sistema anacrónico al nuevo modelo” (Macri).
Es verdad que la situación es un desastre: la mayoría de los profesionales que trabajan en el Hospital Borda lo hacen ad honorem, ya que cada vez existen menos nombramientos. Paradójicamente año tras año se acercan profesionales de diferentes áreas interesados en formarse en la institución, intentando sortear las dificultades existentes debido a la falta de recursos económicos y trabajando en función de la recuperación de la salud de los pacientes internados.
Algunas de las cuestiones cotidianas que se pueden observar en el Hospital Borda son las siguientes:
- La alimentación se encuentra muy lejos de ser saludable, como sería de esperarse dentro de un hospital. No solo los pacientes comen comida alta en grasas y de baja calidad, sino que la misma no es preparada como corresponde porque los elementos de la cocina (las marmitas, por ejemplo) no funcionan durante años y nadie los arregla. Esto se solucionaría con recursos económicos.
- Muchos pacientes sufren enfermedades poco comunes debido a la falta de higiene en las camas, en la ropa y en los pabellones en general. Esto es debido a que falta personal, también falta un sistema efectivo de lavado de ropa. Así es como frecuentemente los profesionales de los diferentes servicios piden donaciones de un lavarropas o bien realizan una “vaquita” entre todos para comprarlo. Esto se solucionaría con recursos económicos.
- Los baños muchas veces se encuentran tapados, las cañerías se rompen y permanecen en ese estado por mucho tiempo. Esto se solucionaría con recursos económicos.
Pero una situación mucho más grave es que muchos pacientes toman medicación cuyos efectos secundarios son muy intensos y perjudiciales. Los mismos muchas veces sufren problemas crónicos debido a la medicación que toman o permanecen somnolientos sin poder regresar a un estado de lucidez. Existen otros medicamentos, nuevos, que actuando sobre la misma sintomatología y produciendo inclusive mejores resultados tienen muchos menos efectos secundarios, pero los mismos son muy caros.
Esto se solucionaría con recursos económicos.
Muchos profesionales poseen fuerza y ganas de trabajar en el Hospital Borda, pero la realidad les impide continuar haciéndolo ya que necesitan utilizar ese tiempo para realizar una actividad rentable y tener un sueldo que les permita llegar a fin de mes. No obstante si fueran remunerados en el Hospital Borda, allí se quedarían. Esto deriva en la falta de profesionales existente y en la insuficiente atención de los pacientes.
Esto se solucionaría con recursos económicos.
“No queremos volver al modelo asilar que arrastramos hasta hoy. La ciudad carece de abordajes terapéuticos que eviten la cronificación de los pacientes”, dijo el ministro de Salud.
Existen hoy en día otro tipo de abordajes terapéuticos para pacientes psiquiátricos, además de la internación. Dentro del Hospital Borda, por ejemplo, funciona el sistema “hospital de día” destinado al tratamiento de aquellos pacientes ambulatorios que, si bien requieren un tratamiento riguroso, no necesitan estar internados. También existen “casas de medio camino”, una instancia intermedia para aquellos pacientes que pueden ser externados y pueden vivir, acompañados de otros pacientes en su misma situación, en una casa, trabajando y concurriendo al hospital para proseguir su tratamiento hasta que se encuentren en condiciones de conseguir un hogar por sus propios medios.
Esto demuestra que la ciudad no carece de abordajes terapéuticos que eviten la cronificación de los pacientes. De hecho existen muchos profesionales trabajando para promover nuevos modelos de abordajes que prescindan de la internación hospitalaria, pero lamentablemente la falta de recursos deriva en grandes dificultades para realizarlos.
Existe un problema grave vinculado al gran porcentaje de pobreza. Los pacientes del Hospital Borda tienen la particularidad de sufrir no solo problemas mentales sino también un alto grado de pobreza. Esto deriva en que muchos de los pacientes que hoy viven en el hospital podrían ser externados, pero debido a su situación económica no tienen dónde ir y prefieren continuar internados antes que pasar hambre y frío en la calle. No obstante algunos de ellos son externados, pero vuelven a internarse periódicamente en el hospital por recaídas sufridas por el ambiente hostil que ofrece la calle. Esta situación es muy grave y demuestra que es imposible pensar en “nuevos modelos” de Salud Mental sin antes centrarse en resolver la extrema pobreza que sufre el pueblo.
Bajo ningún punto de vista es posible creer que el “nuevo modelo” de Salud Mental propuesto por nuestro jefe de gobierno está pensado para mejorar la calidad de vida de los pacientes. Sólo basta con observar el número de personas que hoy viven en nuestros hospitales, que no se corresponde con el que plantea Macri en su proyecto. Es evidente que el resultado será la exclusión de la mayoría de los pacientes que quedarán en la calle sin ninguna posibilidad de amparo.
Es sencillo comprender que lo que hace falta para que el sistema de Salud Mental mejore son recursos económicos. Es imposible pensar que es mejor tirar abajo aquello que con tanto esfuerzo se viene construyendo desde hace tantos años. Es una medida dictatorial, tomada sin consultar a los profesionales de la Salud Mental, y fundamentalmente es una falta de respeto al pueblo, quien una vez más queda desamparado.
Sabemos que el plan de gobierno que propone Mauricio Macri se basa en mejorar la calidad de las veredas y calles, la iluminación, la limpieza, el tránsito, etc. No parece considerar importante destinar un mayor presupuesto para el sistema de salud.
No es necesario analizar demasiado para comprender que nuestro jefe de gobierno se encuentra interesado en el enorme terreno que quedará libre con la clausura de los hospitales para obtener ganancias. Ya veremos cuál es la estrategia que utiliza. Es evidente que los pobres no son rentables, y mucho menos los enfermos mentales. Podemos observar sin ser demasiado minuciosos que Mauricio Macri intenta eliminar a todos aquellos que generan “pérdidas económicas” y que “afean la ciudad”.
No nos dejemos engañar por la propuesta de un “nuevo modelo” de Salud Mental que no es más que una nueva modalidad de exclusión social y un nuevo recorte de los derechos del pueblo.
Luchemos entre todos para impedir que clausuren los hospitales.
Julieta Colagreco.
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En esta circunstancia recuerdo una frase de una joven legisladora porteña del PRO, a la que conocimos en enero, camino a Bolivia. después de discutir un largo rato sobre el rol que para mí debería ocupar el Estado -muy distinto al de ella-, mi amigo Martín le preguntó: “pero no es más importante que un viejo tenga un lugar donde morirse, que tapar un bache?”.
Ella contestó: “la gente no nos votó para eso”.
