Archive for 10 octubre 2006

Querían una Luli…

octubre 10, 2006

Dido, con D de Diosa. Lindísima letra la de Here with me. Una chica que no escapa.

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La mejor música viaja a Rosario

octubre 10, 2006

Excelentes músicos y grandes amigos estarán en breve en la bellísima cuidad santafecina. 9Luigis se presenta el sábado 11 de noviembre  en  GARCÍA BAR & ROCK, Ovidio Lagos 30, Rosario. It_9l23.jpgmperdible.

Vuelve el gran Andrés

octubre 5, 2006

Andrés Calamaro vuelve a escena en diciembre como Bonus track del Pepsi Music. Como si fuera poco lo hará con Ariel Rot, el otro argentino integrante de Los Rodríguez. Allí estaremos. Aquí copio una nota de un chico de Clarín que me encantó, en ocasión de su “primer” regreso, cuando muchos lo daban por terminado.  

 

La vuelta al mundo de Andrés Calamaro

Ofreció un recital maravilloso a través de un repertorio invencible. Hizo temas prácticamente de todas las épocas y conmovió a un Luna Park a tope.


Después de seis años de no dar un concierto en Buenos Aires, después de las centenares de canciones que nutrieron su monumental álbum quíntuple El salmón y casetes TDK en una simétrica ostentación de genialidad e incontinencia compositiva, volvió Andrés Calamaro.

El regreso coincidió con la absolución de culpa y cargo en la absurda causa judicial que se le seguía por “apología del delito” a raíz de aquel comentario “del porrito”. Y coincidió también con una serie de factores que lo atraviesan desde hace tiempo y que determinan su momento artístico: hoy Calamaro cambió su relación con las drogas, no puede componer ni media canción nueva y mutó su verborragia por una timidez gentil que en vivo se manifiesta en mínimos gestos.

Hay algo conmovedor en este “nuevo Calamaro”. Aquel rocker gallardo esconde hoy una sorprendente aura de vulnerabilidad en su propio, invencible cancionero. Son canciones plenas de sensibilidad, desgarramiento y belleza, blindadas al paso del tiempo. De Costumbres argentinas de Los Abuelos de la Nada a Las oportunidades de su último CD, Calamaro tapizó su pop de una combinación perfecta de efervescencia y reflexión, de imágenes de profundidad áspera o ingenua liviandad. Ahí está entonces Andrés, sin moverse del teclado, reconcentrado, como frágil, con una inseguridad que se puede simbolizar en el cuaderno abierto con cada una de las letras, rodeado de la Bersuit (sin Cordera) como de una banda de buenos sesionistas, protegido por sus canciones. Las gloriosas canciones de Andrés Calamaro.

El Luna Park disfrutó ese repertorio impecable, que comenzó con El cantante (de Blades) y terminó dos horas después con Mi enfermedad y Costumbres argentinas. La ausencia de arenga rockera sumada a esa melancolía que trasunta hoy Calamaro, favoreció para que no existieran distracciones de ningún tipo: se instaló en el estadio un clima musical, profundamente emotivo y afectuoso. Los temas se sucedían y eran, a pesar de la humildad parca de Andrés, una apabullante ostentación de su genio. Obras como Clonazepan y circo, Los aviones, La libertad, Para no olvidar, El salmón, Media Verónica, 7 Segundos, Crímenes perfectos, Paloma forman parte de la aristocracia de la canción argentina. Así, todas juntas y puestas en contraste con lo que se escucha hoy en la radio, tienen un efecto demoledor. No es nostalgia: es la inusual conjunción de inteligencia y belleza.

Después de cantar intrépidamente unos tangos con Juanjo Domínguez en guitarra (Como dos extraños y Por una cabeza), el clima comenzó a adquirir la temperatura de una típica fiesta de rocanrol. Primero subió su hermano Javier que fue, de algún modo, el anclaje “con el mundo exterior”, cuando el Calamaro chico mencionó la absolución de Andrés. Cantaron juntos No me nombres y enseguida subió Juanse (lo presentó como “¡Juancho!”… También un hermano para mí, aunque no se lo pude decir…”) para el homenaje a Pappo con Desconfío y El tren de las 16. Después fue el turno de Andrés Ciro, de Los Piojos, que de impecable traje y armónica bluseó con No se puede vivir del amor y Alta suciedad. En un segundo plano Calamaro era el sereno tótem de los líderes de Ratones Paranoicos y Los Piojos, paradigmas de la raza stone criolla.

Promediando el concierto y siempre con el Gardel de Oro (la Bersuit) secundándolo con un profesionalismo que se podría calificar de neutro, Andrés se despachó con su último gran hit, Estadio Azteca, intercalando sutiles versos del Martín Fierro. Conmovió con esa desolación titulada Paloma y fue envolviendo al estadio en un trance emocional que derivó en Mi enfermedad.

Aquellas torpes burlas a la desesperante y radicalizada idea del El salmón (esa hemorragia cancionística) ya no se escuchan más. Aunque no componga por cinco años, Andrés Calamaro tiene petróleo para rato. Arisco al vivo, con otro tipo de honestidad (más que brutal, despojada, desnuda, insondable), El salmón ya no pelea contra la corriente. Se deja llevar por la Bersuit (que lo convenció para que volviera a los escenarios) y por ese público que lo ama ya sin histeria.

Andrés Calamaro se deja llevar, se abandona a la suerte de sus canciones y permite, al pasar, como quien no quiere la cosa, que ocurra el pop más certero, sensible y elegante que se puede escuchar en la Argentina. 

Fuente: Clarín.comMariano del Mazo.
mdelmazo@clarin.com

 

¡A la carga mis valientes!

octubre 4, 2006

El porqué del blog es algo que debí hacer “a lo primero”, no? Bue… digamos que la linealidad no es mi fuerte. Soy así viejo, es lo que hay. Decía… el nacimiento de este espacio fue extraño, y por ahora sólo servirá para dejar en un mismo lugar todas las pavadas que se me ocurren a menudo. Esas que antes terminaban en papelitos adentro del bolsillo de la mochila o en bares perdidos de cafeses fríos. Así que le digo a esos cuantos que han hecho del blog una religión: no esperen mucho. Pero es cierto que escribir sobre temas impuestos como lo demanda mi profesión atenta en algún punto contra mi libertad, así que utilizaré esta herramienta para hacerlo por mero placer. Insisto en que no fue idea mía, eh. Me han dicho soberbio -entre otras tantas cosas-, pero no lo soy al punto de pensar que mis palabras pueden resultarle interesantes a alguien más que a mí. Sin embargo, -por eso toda esta cuestión- siempre hay buenos autores a los cuales citar, lindas historias para compartir, personajes siniestros para maltratar (casi todos los que visitan el blog de Rome) y alguna que otra Luli a la que dedicarle miles de letras. Por ello, y porque estoy obligado a corresponder a quienes han puesto algo de expectativa en esa página, me lanzo al mundo del blogero.

Prometo sí, para futuras emisiones, ahondar en temas que el pueblo reclama incesantemente, como la vida y obra del oscuro Pablo Camití, su simpatía por la secta umbanda y su fachada de tipo “progre” que esconde una cercanía con objetivos yankees de apropiación en América Latina (“vienen por el agua”, según Lilita); algo de los extraños gustos sexuales del señor Eduardo Funes, cuyo sueño de dejarse atrapar por un marinero en la playa ya es de público conocimiento y, según cuentan fuentes fidedignas, ha despertado fantasías reprimidas en un conocido bellavistense cuyo nombre preferimos no dar (su apellido es Roldán); o lo que esconde la dulce Malena Frenkel tras esa carita angelical (entiéndase cosas muy muy chanchas).

Religión, fútbol y claro… mujeres, serán un buen motivo para futuros encuentros. En fin… a partir de ahora nos veremos (o leeremos) más seguido.