Archive for 28 octubre 2010

Lo que vi

octubre 28, 2010

Fui a nuestra plaza. Vi caras desoladas y tristeza. Vi banderas, vi agrupaciones, vi gente suelta, vi familias “lindas” y “feas” con nenes en los hombros y bebés. Vi tipos de ese peronismo viejo del que tanto se habla, y vi pibes a los que les llevo más de 10 años. Vi patas en la fuente, vendedores ambulantes, y tantos carteles con enumeraciones y valuaciones extensas. Recuerdo uno que apenas decía: “Volví a creer”. Vi amigos, vi compañeros de trabajo y compañeros de las cosas. Vi gente que no esperaba ver como me pasó con Alfonsín. Vi el sol, y vi caer la noche sobre la imagen gigantesca y rosada de la casa de gobierno. En esa ensalada poco glamorosa vi al pueblo transformar el dolor en esperanza, una vez más: discutiendo, hablando, escuchando, pensando en voz baja y en voz alta.

Tantas críticas hice y seguiré haciendo.

Pero la histórica construcción latinoamericana, las medidas de inclusión social y reivindicación de la Memoria, por nombrar tres cosas, no son nada si se las compara con un valor aún más importante: la resurrección de la política. Desde allí podrá discutirse para dónde vamos, y para donde no vamos a volver. Ese es a mí entender, el mayor logro conjunto entre gobierno y pueblo de estos últimos 10 años.

Y no se va a detener

 

¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra. Muerta Evita el Presidente Perón es un cuchillo sin filo. Eduardo Galeano, Memoria del Fuego. Y mi profe de radio Aliverti.

¿El filo? Ahora el pueblo es el filo.

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Benedetti a Allende

octubre 1, 2010

Ayer, fue muy emotivo el relato del periodista que vivió cómo liberaban a Correa en el intento de golpe en Ecuador.  En un momento, no se sabía si lo iban a liberar o matar, en una escena shockeante. Mi vieja me contó cómo siguió algo similar, aunque con distinta suerte, cuando los que entraban por el techo fueron a buscar a Allende.

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.