La Pomeña

Cuenta Juan Pablo Baliña que aquella tarde de sol pesaba sobre el boliche la Flor del Pago de la Poma. Detrás del mostrador estaba Amanda Aramayo, probablemente secando vasos con su delantal y tomando notas visuales de reojo. Del lado de los clientes, como escondido detrás de una cerveza, había un hombre barbudo. Era Manuel Castilla, de visita para los carnavales. “En ese momento entró la Eulogia con la caja bajo el brazo y la cara llena de harina”, recuerda Amanda. “Era joven, tendría 18 o 19 años en esa época y así nomás comenzó el contrapunto”,el ir y venir de coplas, una especie de diálogo musical que lo gana quien no pierde la inspiración. Castilla no tuvo más que decir: la Eulogia había ganado. Bajo la mirada impávida del poeta derrotado la joven pomeña salió por la puerta, desató su caballo blanco y rumbeó para el lado de “las casas”, no fuese que la noche y su padre la sorprendieran en el boliche. Al día siguiente Castilla enfiló al rancho de los Tapia, pero “don Joaquín, el padre, era bravo como el cardón”. Otra vez había perdido el poeta. Pero tiempo después…

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2 comentarios to “La Pomeña”

  1. Maguis Says:

    Cantando y desencantando se le entreveran las penas..

  2. Pablo Donadio Says:

    Y cuando se hunde en la noche, es una dalia morena

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