Archive for the ‘Música’ Category

La Pomeña

enero 11, 2011

Cuenta Juan Pablo Baliña que aquella tarde de sol pesaba sobre el boliche la Flor del Pago de la Poma. Detrás del mostrador estaba Amanda Aramayo, probablemente secando vasos con su delantal y tomando notas visuales de reojo. Del lado de los clientes, como escondido detrás de una cerveza, había un hombre barbudo. Era Manuel Castilla, de visita para los carnavales. “En ese momento entró la Eulogia con la caja bajo el brazo y la cara llena de harina”, recuerda Amanda. “Era joven, tendría 18 o 19 años en esa época y así nomás comenzó el contrapunto”,el ir y venir de coplas, una especie de diálogo musical que lo gana quien no pierde la inspiración. Castilla no tuvo más que decir: la Eulogia había ganado. Bajo la mirada impávida del poeta derrotado la joven pomeña salió por la puerta, desató su caballo blanco y rumbeó para el lado de “las casas”, no fuese que la noche y su padre la sorprendieran en el boliche. Al día siguiente Castilla enfiló al rancho de los Tapia, pero “don Joaquín, el padre, era bravo como el cardón”. Otra vez había perdido el poeta. Pero tiempo después…

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Qué linda joda

diciembre 10, 2009

Muestra Folclore en Movimiento 2009.

Rumbo a Santiago

noviembre 1, 2009

En cada chacarera, estoy volviendo al pago
Y soy bombo latiendo, si te pienso Santiago
En cada chacarera, ya estoy volviendo al pago…

Chacareras norteñas

Si bien soy más porteño que el obelisco, sé que uno de mis lugares en el mundo es Santiago del Estero. Es raro, porque pese a que mi trabajo me ha hecho conocer tantos y bellísimos lugares del país, aún no he pisado la tierra de la chacarera. Pero todo llega en la vida si uno lo desea con pasión: hacia allí parto en breve, guitarra en mano y el corazón bravo y latiente. Feliz. Nos espera Rubia Moreno, Telares y la fiesta nacional del bombo en Frías, con Raly, los Copla, los Carabajal, Horacio Banegas y tantos otros, y donde los legüeros retumbaran…

Pablo y Ana



Gran noticia

noviembre 21, 2007

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Noticias de mi alma es el nuevo disco de Raly Barrionuevo, con temas propios y colaboraciones de Marcelo Mitre, Horacio Banegas y el gran Ernesto Guevara (su guitarrista, y autor de una de mis chacareras preferidas, que sonarán en Purmamarca, en Tilcara, camino al Potosí, al salar de Uyuni y demás en el mes de enero: “Donde alguien me espera”), y que “viene a poner su impronta contemporánea, en nuevas obras de raíz folklórica, chacareras, zambas y canciones registradas con el sonido que lo caracteriza”. Sin dudas: su voz privilegiada, las guitarras de Ernesto Guevara, la batería de César Elmo y el bajo de Cristian “El Mono” Banegas.

Aquí la letra de mi preferida, la que marca un buen camino:

Se la escucha cuando llega
Con sus dos manos abiertas
Sus ojeras bifurcadas
Sombra gris de la belleza
.
Huele a goma desangrada
A caminos que se cierran
Apestañas empapadas
A memoria y lucha nueva
.
Cómo baila, cómo canta
Cómo habita en las miradas
Cómo danza la esperanza…
.
Es amante y es bandera
Una ruta en escalera
Es caricia y es espada
Es utópica y discreta
.
Suele acariciar mi boca
Esa niña cancionera
Suele pellizcarme el alma
Y desnudarme las penas
.
Cómo baila, cómo canta
Cómo habita en las miradas
Cómo danza la esperanza…
.
Cómo danza la esperanza, Población Milagro, Raly B.

Ahora sí

octubre 4, 2007

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Andrés está de vuelta. La legua popular, su último disco, es una nueva hemorragia de genialidades transformadas en canciones. Lo escuché entero y me encantó.

Los chicos, tremendo recuerdo Rodríguez sobre la amistad, furioso y nostálgico rock de apertura, es para aquellos que disfrutamos esa banda, un gratísimo encuentro. Carnaval de Brasil, símil del recordado Mi rock perdido (reflexión cuando le faltan las musas inspiradoras alos artistas) me pareció buenísimo, tanto como Soy tuyo, una cruda, erótica y romántica declaración de amor, que cruza lo zarpado y lo tierno, y muestra la mano de Miguel Cantilo con la dulce Catalina bahía. Mi gin tonic y esos “días sospechosamente light”, y los arreglos del buen rock Sexy & Barrigón (que reivindica -diría mi amigo Hernán-, dos atributos muy nacionales), también se llevaron mis aplausos. Esos que le daré en vivo en diciembre, en su presentación ocicial. El salmón una vez más le pone palabras a esas cosas con las que uno también se identifica, con letras siempre vestidas de genialidad y calidez, ahora un poco más arriba.

“Pero si en invierno hace frío, también, bajo al infierno un poco.                 Al infierrrrno un poco…”.

La riqueza en la canción

mayo 3, 2007

Me gusta mucho la música en general, pero si va acompañada de mensaje y sentimiento, me gusta más aún. Hace poco descubrí al dúo Presagio, santiagueños de pura cepa, y a Natalia Barrionuevo, una riojana que canta tan lindo como ríe.

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Su momento, otra vez

diciembre 13, 2006

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Como sucediera con los Abuelos de la nada, en su primera etapa solista, con Los Rodríguez y finalmente solo, el gran Andrés Calamaro nos dio un gustazo. Fuimos a verlo con los amigos en su vuelta junto a Ariel Roth (otro Rodríguez) la semana pasada. Un lujo. En el blog de Duaca encontré el link a su blog personal, del que ya me había hablado mi primo Eric, otro salmón, y donde él mismo hace comentarios sobre su show, entre otras cosas. No tiene desperdicio. Y es que los grandes nunca se van, simplemente dicen “buena suerte y hasta luego”.  Que lo disfruten.

Vuelve el gran Andrés

octubre 5, 2006

Andrés Calamaro vuelve a escena en diciembre como Bonus track del Pepsi Music. Como si fuera poco lo hará con Ariel Rot, el otro argentino integrante de Los Rodríguez. Allí estaremos. Aquí copio una nota de un chico de Clarín que me encantó, en ocasión de su “primer” regreso, cuando muchos lo daban por terminado.  

 

La vuelta al mundo de Andrés Calamaro

Ofreció un recital maravilloso a través de un repertorio invencible. Hizo temas prácticamente de todas las épocas y conmovió a un Luna Park a tope.


Después de seis años de no dar un concierto en Buenos Aires, después de las centenares de canciones que nutrieron su monumental álbum quíntuple El salmón y casetes TDK en una simétrica ostentación de genialidad e incontinencia compositiva, volvió Andrés Calamaro.

El regreso coincidió con la absolución de culpa y cargo en la absurda causa judicial que se le seguía por “apología del delito” a raíz de aquel comentario “del porrito”. Y coincidió también con una serie de factores que lo atraviesan desde hace tiempo y que determinan su momento artístico: hoy Calamaro cambió su relación con las drogas, no puede componer ni media canción nueva y mutó su verborragia por una timidez gentil que en vivo se manifiesta en mínimos gestos.

Hay algo conmovedor en este “nuevo Calamaro”. Aquel rocker gallardo esconde hoy una sorprendente aura de vulnerabilidad en su propio, invencible cancionero. Son canciones plenas de sensibilidad, desgarramiento y belleza, blindadas al paso del tiempo. De Costumbres argentinas de Los Abuelos de la Nada a Las oportunidades de su último CD, Calamaro tapizó su pop de una combinación perfecta de efervescencia y reflexión, de imágenes de profundidad áspera o ingenua liviandad. Ahí está entonces Andrés, sin moverse del teclado, reconcentrado, como frágil, con una inseguridad que se puede simbolizar en el cuaderno abierto con cada una de las letras, rodeado de la Bersuit (sin Cordera) como de una banda de buenos sesionistas, protegido por sus canciones. Las gloriosas canciones de Andrés Calamaro.

El Luna Park disfrutó ese repertorio impecable, que comenzó con El cantante (de Blades) y terminó dos horas después con Mi enfermedad y Costumbres argentinas. La ausencia de arenga rockera sumada a esa melancolía que trasunta hoy Calamaro, favoreció para que no existieran distracciones de ningún tipo: se instaló en el estadio un clima musical, profundamente emotivo y afectuoso. Los temas se sucedían y eran, a pesar de la humildad parca de Andrés, una apabullante ostentación de su genio. Obras como Clonazepan y circo, Los aviones, La libertad, Para no olvidar, El salmón, Media Verónica, 7 Segundos, Crímenes perfectos, Paloma forman parte de la aristocracia de la canción argentina. Así, todas juntas y puestas en contraste con lo que se escucha hoy en la radio, tienen un efecto demoledor. No es nostalgia: es la inusual conjunción de inteligencia y belleza.

Después de cantar intrépidamente unos tangos con Juanjo Domínguez en guitarra (Como dos extraños y Por una cabeza), el clima comenzó a adquirir la temperatura de una típica fiesta de rocanrol. Primero subió su hermano Javier que fue, de algún modo, el anclaje “con el mundo exterior”, cuando el Calamaro chico mencionó la absolución de Andrés. Cantaron juntos No me nombres y enseguida subió Juanse (lo presentó como “¡Juancho!”… También un hermano para mí, aunque no se lo pude decir…”) para el homenaje a Pappo con Desconfío y El tren de las 16. Después fue el turno de Andrés Ciro, de Los Piojos, que de impecable traje y armónica bluseó con No se puede vivir del amor y Alta suciedad. En un segundo plano Calamaro era el sereno tótem de los líderes de Ratones Paranoicos y Los Piojos, paradigmas de la raza stone criolla.

Promediando el concierto y siempre con el Gardel de Oro (la Bersuit) secundándolo con un profesionalismo que se podría calificar de neutro, Andrés se despachó con su último gran hit, Estadio Azteca, intercalando sutiles versos del Martín Fierro. Conmovió con esa desolación titulada Paloma y fue envolviendo al estadio en un trance emocional que derivó en Mi enfermedad.

Aquellas torpes burlas a la desesperante y radicalizada idea del El salmón (esa hemorragia cancionística) ya no se escuchan más. Aunque no componga por cinco años, Andrés Calamaro tiene petróleo para rato. Arisco al vivo, con otro tipo de honestidad (más que brutal, despojada, desnuda, insondable), El salmón ya no pelea contra la corriente. Se deja llevar por la Bersuit (que lo convenció para que volviera a los escenarios) y por ese público que lo ama ya sin histeria.

Andrés Calamaro se deja llevar, se abandona a la suerte de sus canciones y permite, al pasar, como quien no quiere la cosa, que ocurra el pop más certero, sensible y elegante que se puede escuchar en la Argentina. 

Fuente: Clarín.comMariano del Mazo.
mdelmazo@clarin.com