Puntos de vista

junio 17, 2009

Cuadro

Despedida de Los Olimareños

junio 14, 2009

Bellísima noche en el Luna con el dúo uruguayo.

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Encuentro de periodismo bolivariano

junio 1, 2009

Esta es la noticia de la presnsa local, que me envió un colega colombiano sobre el primer encuentro que han realizado.
Congreso Periodismo

La velocidad de la justicia, casi

mayo 22, 2009

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De esas cosas raras que ocurren en/con la web:  hace un año atrás, más o menos, un día no puede entrar más a  mi cuenta de Hotmail.  Putié y me hice otra en Yahoo, pero durante un tiempo reclamé al “Departamento de sasasa de Hotmail” y trataba de entrar, pero me decía no sé que cosa en inglés. De pronto, un año después, me avisan que la puedo usar. Tuve que aceptar no sé cuanta cosa (en inglés, claro) como “Términos y condiciones”, así que espero no haber sido estafado o aparecer en escándalos de corrupción (o en el programa de Rial), y esas cosas.

Gracias por el fuego

mayo 18, 2009

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No hace falta hablar de lo importante que fue Mario Bendetti para la literatura mundial y latinoamericana sobre todo, así como para la valoración de la vida en libertad y el pensamiento crítico, en una época plagada de dictaduras y autoritarismos. Para mí fue además un ser maravilloso, que me enseñó con sus libros, y al que admiré por su posición, en cada nota, en cada texto, en cada reportaje. A él hice mención en varias oportunidades, y pese al abandono de mi blog, no quise dejar pasar su muerte sin un comentario.

Gracias a sus libros comencé a leer novelas, algunos poemas, y a interesarme por algo más que los copetes de las noticias y las crónicas deportivas cuando empezaba a estudiar. Lo que más me gustaba de su repertorio eran los cuentos cortos: recuerdo decenas de ellos (ahora me viene a la mente Los Astros y vos, de Con y sin nostalgia) y mi lectura apurada cuando estaba allá por fines de los 90 en mis primeros trabajos y solía regalarme con cada sueldo una de sus obras. Así hasta conseguirlas casi todas. Fue una época que recuerdo con mucho cariño por tantas cosas, y acomàñada siempre por sus libros. Benedetti fue uno de esos tipos que trascendieron su profesión, uno de los que hubiera querido entrevistar sólo para estrecharle la mano y decirle gracias, gracias por el fuego.

Qué cosa…

julio 22, 2008

Se me complicaron las cosas (incluso el acceso a la interné) , así que va a seguir demorado el regreso. Mala suerte, especialmente por el contacto con los que están más allá como el Edu (y sus trabas de las Canarias). Volveré, volveré… ay Cleto

Volví

junio 19, 2008

Después de una serie de hechos desafortunados, retomo mi contacto con el blog.

Por acá qué se cuenta… cómo siguen las peleas en lo de Rome? Qué dice mi amiga Fabi la santiagueña?

 

 

Una estrella por las vías

mayo 14, 2008

Les comparto una nota que hice el finde pasado y me gustó mucho: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-1290-2008-05-14.html

 

No debería contarlo, y sin embargo…

mayo 2, 2008

 

“Si hemos tardado más de dos años (en la estatización de Entel) no ha sido por flojera, no ha sido por negligencia. Intentamos dialogar, negociar con Euro Telecom, los ministros hicieron esfuerzos, pero lamentablemente no hubo voluntad”. Desde el gobierno indicaron que la nacionalización de Entel se debe “al incumplimiento de contratos, malos manejos administrativos y falta de transparencia”.

 

“Con mucho respeto le pido al gobierno de EE.UU. que retire sus tropas de Irak, así podemos creerle que lucha contra el terrorismo”. Y aclaró que “para un sistema salvaje e inhumano como el capitalismo, las luchas sociales por la igualdad son ‘terrorismo’. El capitalismo debe entender que si no hay igualdad nunca habrá paz. No importa que me sigan acusando porque este camino de cambio no tiene retorno. Algunos sectores opositores hablan de ‘tumbar al indio’ (por él). Podrán tumbar al indio, pero jamás al pueblo boliviano”.

 

 

Ser groso

marzo 6, 2008

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Cuando el GROSO compra galletitas Variedad, le toca pepitos y mini melba
El GROSO no se queja si la noche noes larga y no se deja si el tinto se acabó
El GROSO juega a la Ruleta Rusa con el arma totalmente cargada. Y gana
El GROSO compra fernet Capri y le queda como si fuera Branca
Cuando Jesús multiplicó los panes,el GROSO dijo”Dejá flaco, traje facturas”
Batman tiene un pijama del GROSO
Si la montaña no va a Mahoma, el GROSO se la empuja
Cuando las ovejas no pueden dormir se ponen a contar GROSOS
Cuando Dios dijo: ‘Hágase la luz’, el GROSO ya estaba jugando a la Play 2
El GROSO puso de moda las remeras A+ pero no las usa porq son de careta
El GROSO compra todo lo que Mastercard no puede
El GROSO le cobra la renta al Señor Barriga
El GROSO si quiere te quita lo bailado
En realidad la guitarra es del GROSO, sólo que se la presta a Lolo
Alrededor del GROSO hay señal Wi-Fi
Si el GROSO se va a Sevilla conserva su silla, y al volver también un banco
Cuando el GROSO juega al metegol, mete los goles de rabona, y tira caños
Jehová es testigo del GROSO
No existen las lesbianas, sólo mujeres que nunca conocieron al GROSO
El GROSO no presta atención, la regala
El GROSO puso dólares, y recibió dólares
El GROSO es válido también en Córdoba y Mendoza
El GROSO es sujeto y predicado al mismo tiempo
Cuando el GROSO deja una mina le dice: ‘No soy yo, sos vos’
El GROSO se merece el jugo Tang que le da Jaime
El GROSO no está a la derecha de Dios Padre, él se sienta a upa

Y por qué no

febrero 25, 2008

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Es necesario volver a retomar sin miedos ni prejuicios el tema de la revolución. Una revolución que necesariamente tiene que partir de esta realidad, aceptando que vivimos en el sistema capitalista, debemos pensar, actuar y animarnos a vivir desde otros paradigmas. No sólo diciendo sino haciendo, buscando coherencia entre la palabra y el gesto. Poniendo la paciencia impaciente en esta construcción.

Y tenemos que ir todos, sin discriminaciones, los intelectuales y los artistas, los cojos, los mudos y los ciegos, los que pueden y los que no pueden. Es darnos ánimo, encendernos los fueguitos, recuperar los ideales, tener siempre encendidas las luces del circo de la vida. Aunque los payasos estén tristes, la soga de los trapecistas derruidas y la carpa remendada, el circo de una nueva vida debe continuar. Está en nosotros…

El circo de la vida, Circo Criollo. Raly Barrionuevo.

Ta tan, ta tan…

febrero 22, 2008

Vuelve el fútbol a La Rana y el Lobo estará presente una vez más. Y para compensar la tristeza que nos ocasiona la ida del Edu a España (se le dio lo del curso de proctología -como modelo, claro-) hemos creado un nuevo desafío:

El pichichi ranero”, competencia que tendrá a la mentira de Rome, al calecitero de Esnay y a chapas Donadio, buscando ser el goleador de la Conmebol. Quién lo logre recibirá además de la gloria, una visita gratis al consultorio del Edu.

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PD: El archivo demuestra claramente que este tipo (y su ex, como muestra la imagen) es poco serio, el capitán no debería dejarlo competir.

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Un tridente por Jujuy y Bolivia

enero 30, 2008

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Como alimento que busca el alma, poco importa el cómo, el dónde y el porqué. Será que como dice el muy genio de Benedetti: “En ciertos oasis, el desierto es sólo un espejismo”. Eso sentimos días después de haber recorrido nuevamente la bellísima Jujuy y parte del Sur de Bolivia, con el encanto de su gente como protagonistas principales. Aquí abajo nuestro largo pero delicioso recorrido.

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La travesía del tridente (válido tanto en su versión de tres, o de cuatro) planteó la idea de llegar a Jujuy y pasar a Bolivia más tarde, cerrando un viaje planeado hace tiempo. Gracias a mi amigo Gastón, los pasajes en Aerolíneas nos ahorraron más de un día por la misma plata que el colectivo (esencial para Adri que sólo se quedaba una semana), y nos permitía la rara experiencia de desayunar en Bella Vista y merendar en Purmamarca, aquella tierra soñada. Después de charlar un rato en el aeropuerto de las cosas que valían la pena decir si el avión hacía escala en alguna montaña y de explicarle al tano que a viva voz me corría entre las sillas del bar de Aeroparque diciendo: “Eh.. eh.. el mío diario…”, por afanarle sin darme cuenta La Gazzetta dello Sport, nos fuimos de esta fea cuidad de BA.

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Ni bien llegamos a la tierra de los mil colores, la emoción de compartir viaje entre amigos se asentó en la mirada. Lo estábamos esperando: cada uno con sus mochilas, las reales y las otras, con varios días y paisajes para acomodarlas mejor. Guitarras a cuestas, conocimos San Salvador, una ciudad capital que no supo crecer como otras zonas norteñas (Salta, por ejemplo), y donde la pobreza no puede despegarse de los rostros de su gente, devastada del todo en los 90 cuando el tren dejó de visitarlos y culminó la destrucción de tantas economías regionales en nuestro país. Parece joda, pero hoy un rasgo del crecimiento productivo de la Argentina podría expresarse en la floreciente elaboración de hisopos en Boulogne… que por bizarro que suene, marca una diferencia cruel con aquellos tiempos: ni hisopos fabricaba este país en los 90.

La amabilidad lugareña sin embargo, es algo que no se ha perdido ni cambiado. Eso vivimos claramente unos kilómetros arriba en Purmamarca, que es como un viaje por nuestra historia en la memoria de las comunidades kollas. Allí aparecieron los recuerdos del año pasado con las interminables noches de fuente, cerro y guitarra, de empanadas y chacareras, que tanto disfrutamos y juramos repetir. También añoranzas de paseos compulsivos en la plaza, donde llegué a comprar hasta dos sweaters iguales y todavía hoy Rome me gasta por eso. Así, con cierto aire de locales encima, fuimos de movida a lo del Bebo Vilte, el “dueño del pueblo”, que sobre el final de nuestra primera estadía (volvimos para el Festival Coplero) nos dio un discurso rosista que al Rome se le ponían los pelos de punta. Todo un caudillo el hombre, con lo bueno y malo que eso representa. Poco después y con el queso de cabra debidamente comprado (y compartido, porque el Norte tira al socialismo), la picadita musiquera atrajo a nuestras primeras compinches cantoras y mendocinas. Nos cruzó también con los locos lindos de La Desorquesta, una banda formada por amigos musiqueros geniales, con los que intercambiamos canciones y anécdotas. Unos lomitos después en la plaza, disfrutamos del paseo por el cerro Colorado y noches a puro “maná-maná” con Adri, que despertaban vecinos hasta nuestra partida camino a Tilcara. Allí había dos objetivos claros: revivir la casa de Buky (con recuerdos de guitarra, picada y mate con las rosarinas) y el bailongo en la peña del Quincho.

Nada de eso ocurrió porque ambos lugares estaban cerrados, y tuvimos que conformarnos con un encuentro cantor con las mendo en el camping. Al otro día salimos a la Garganta del Diablo y su imponente cascada, en la que Adri hizo colaless (la foto es terrible) con la compañía de Tete, Laurita y demás integrantes. Sanguchitos al lado de la vertiente, solcito y un “no vuelvo más” inmortalizaron el momento. De regreso quisimos conocer el Pucará y sus restos de edificaciones precolombinas, pero llegamos tarde. Para conformarnos con algo, una nenita con tencitas de sueño nos cantó una copla a cambio de unas moneditas, algo muy frecuente por esos pagos.

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Sin prisa pero sin pausa nos fuimos para La Quiaca en busca de tierras bolivianas. Y como la fortuna es un bien escaso, nos topamos con un grupo de ocho (sí, ocho…) niñas del microcentro, a las cuales ya les habíamos deseado la muerte y otras cosas peores en Tilcara. Esta vez, con alaridos que decían algo así como: “no sé boluda… para qué quiere una fotocopia esta mina… qué horror, que la saque ella…”, se negaban a darle una copia del DNI a la gendarme de frontera, que además estaba trabajando un feriado con cara de “odio lo que hago”. Sin embargo no las arrestó (una pena). Pasamos detrás y bastaron unos pocos pasos sobre el puente que divide a los países para llegar a lo de Evo. Nuestra entrada fue tan triunfal que todavía escucho al simpático boliviano que nos recibió chocando su mano cancherísimo: “cómo estás Pablo, así que nos vienes a visitar?, cuánto tiempo te quedas?, eh… sólo una semana?, quédate más amigo… Bolivia es muy bella, jeje, ya verás”.

Y tenía razón, lo que venía era increíble. De todos modos debo ser justo y decir que la comida y los olores de los lugares que conocí, son muy feos, muy. Cuesta adaptarse además a la poquísima limpieza y su forma de alimentación (todo frito: pollo, carne, fideos, salchichas… pasa el perro y lo tiran a la sartén). Los paisajes y su gente en cambio, son tan cordiales que uno teme ser irrespetuoso. En ese sentido (lugares y personas), pienso en lo inabarcable que será Latinoamérica si apenas esta chispita enciende brasas en los ojos…

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Dormidos y comidos en Villazón, neto pueblo de paso donde encontramos un mini Barzi (clon de nuestro amigo que le dio a Adri la alegría de un niño), partimos hacia Uyuni y su in-com-pa-ra-ble salar. El viaje fue en tren, que por precio y peligrosidad de los caminos suele agorse con días de anticipación. Gracias a la gestión del guía de turismo Freby, conseguimos “ejecutivo”. En medio de la estación, y post encuentro con Mariana, una interesante periodista cordobesa, nos dimos cuenta nuevamente de lo efímera que puede ser la suerte: las jovencitas venían en nuestro vagón, y mi nº 29 quedaba precisamente entre las ocho, para un prometedor viaje de 10 horas. Ni bien subimos, escuché: “Pabli, Pabli (ni mi vieja me dice Pabli) vení, hacete amigo…”.

Por suerte en el fondo del vagón estaba Gabriel, profe de historia de un colegio del Sur de la provincia de Buenos Aires, y activo participante en movimientos barriales. Con él fue un gusto enorme charlar, y entre otras cosas el hombre agarró la guitarra y desparramó virtud y pasión por igual: se le transformaba la cara cuando cantaba (si se ganó todas las chicas del tren con el primero de sus temas) y tiró un par de hitazos viejos como “Casandra”, que el Rome y yo estábamos felices de acompañarlo. Así, despertando a unos, no dejando dormir a otros, pero siempre compartiendo lo que tenemos, fueron pasando las horas. A la mañana llegó Uyuni, camino a ese mundo inconmensurable que es su Salar, el mayor desierto blanco del mundo, con 12.000 kilómetros cuadrados, donde habitan islas, aguas termales y hasta un lujoso hotel de sal. Para explicar algo basta decir que en un momento no sabés para dónde va la 4×4, ya que suele haber unos centímetros de agua que además de lograr el mágico efecto de espejo en el suelo, no dejan huellas, y los alrededores se vuelven piso blanco y cielo (azul, negro, depende…) fundidos por igual en ese brillo deslumbrante. A nosotros nos tocó escapar de una tormenta, y tras una hora de viaje llegamos a la isla Incahuasi, una reserva protegida donde brotan cardones ente sus piedras hasta los 10 metros, y desde la cual mirar el salar es como ir a un morro y contemplar la inmensidad del mar. Las fotos, por lindas que son, no alcanzan a ser ni un 1% de la realidad que es vivirlo.

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Ya de vuelta, y radiantes por tanta maravilla, fuimos de morfi a una pizería, y al toque a un barcito vecino donde Adrián destrozó las pistas con la cumbia, el rock, la salsa, el merengue… ganándose a una repostera de rulitos que mama mía. Qué manera de despedirse el amigo!

Al otro día, y porque así es su esencia, el tridente quedó con tres integrantes. Subidos y tirándole besitos desde el bondi, lo cambiamos de inmediato por Lu y Choco, nuestras rosarinas y nuevas compañeras de aventura. La Bolivia potosina nos recibía, y más allá del viaje en sí, y de disfrutar su mundo extraordinario y natural, no pude evitar preguntar por Evo a cada boliviano que me crucé. Aún hoy tengo una sensación rara al respecto. Habré charlado seriamente con unos 20 (y en uno de los 9 estados del país), pero me resulta más creíble ese dato que leer un diario comentando lo que alguien, dice que le dicen… Entre otras cosas muy descriptivas de su actual crisis, me quedo con el resumen de un habitante de Tarija, que viajaba con nosotros a Potosí: “Sabes que pasa hermanito?, cuando las minas enriquecían al país, las provincias ricachas no decían nada… la gran Bolivia era una. Ahora que tienen su petróleo y su gas, los de la media luna lo quieren solo para ellos, la Bolivia está dividida”.

Potosí nos comprobó también que no sólo nosotros manejamos con mucho desprecio por la vida: el boliviano promedio está sencillamente loco al volante. Ubicados en un hotel (sí… basta de carpa amigo) y con el Rome medio muerto, salimos a ver qué tal la cuidad, y de pasadita terminamos contratando la salida a la minas del Cerro Rico (famosas minas del Potosí), para el día siguiente, en lo que fue la nota triste del viaje. El trabajo de los mineros es de terror. Sumidos en una vida que nunca eligieron, trabajan inhumanamente todo el día y sin comida (sólo mascan coca) con un riesgo de mortalidad permanente. Si la suerte de los derrumbes no les toca (el año pasado murieron 60), la obtienen bonificada cerca de los 45 años, cuando los pulmones prácticamente les estallan. Sus hijos llegan muy jóvenes a la mina: con 13 años son adultos, y pese a una ley que lo prohíbe, la necesidad los lleva bajo tierra (ironías de la vida) muy temprano. Cuando uno llega hasta ahí se suele comprar coca y algunos explosivos como forma de agasajarlos por dejarnos entrar al lugar que les da la vida y se las quita, por loco que parezca. Incluso se suele bendecir miniaturas e imágenes que representan sus sueños, su bonanza para encontrar el preciado mineral, y claro, para que la hora les llegue lo más tarde posible. Es algo muy difícil de entender para quien no pertenece allí. En general la gente luce estar de acuerdo, y la sumisión parece un rasgo natural y ya no social, tal vez una de las huellas más palpables del paso de la colonia por sus tierras.

En esa excursión hicimos, pese a todo, una gran adquisición: las mozas platenses. Tere y Barbi, psicólogas ambas, pasaron a ser inigualables compañeras para lo que venía, y baile de chacarera mediante (un video atestigua mis palabras) nos presentamos en el hotel donde salimos luego con la Choco y Lu a romper la noche potosina. Pato y yo por supuesto, dos altos fefos. Comida y cerveza de por medio, escuchamos con Pato cómo cuatro mujeres describían a “ciertos tipos de hombres” (con cierto terror) y lo áspero que puede volverse el amor, pero con tal pasión que ni mu nos animábamos a decir. Ahí también, en plena “ciudad de la lluvia”, como la bautizó Pato por su persistente lloviznita, vivimos una misa que se pasó de extraña (el aleluya era como un cover de un villancico yanki, y el amén como una orden militar de cuerpo a tierra: “¡Aaaa… men!”, miérda… te asustaba el cura), aunque pintoresca al fin de cuentas.

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Al otro día comenzamos una travesía que no olvidaremos (la cara de Rome en el tren lo dice todo), con ocho horas de viaje en un colectivo que se movía como una coctelera por caminos de cornisa, y que venía repleto de gente, bolsos y una cabra. En Uyuni nos esperaba el tren, que en su primera experiencia había sido un placer de 152 pesos bolivianos. Este otro de regreso salía 36, y era lo que valía: una cosa espantosa. En principio la diferencia abismal entre la clase “ejecutivo” y la “popular” se parecía tanto a la realidad del mundo que te daba ganas de golpear a alguien, pero si uno no es profeta en su tierra, mucho menos lo es en ajenas. Así que calmados tratamos de soportar una incomodidad de animales. Malhumorados, cruzamos Villazón a pura compra y pasamos la frontera rapidísimo, en una argentineada total, mala pero necesaria, producto del encanto del “guiño, guiño” a la gendarme aquella. Tras zafar de unas dos horas de cola provocada por la caída del sistema de identificación, pasamos a La Quiaca y a nuestro bendito país, con sus benditos transportes y benditos alimentos. Así de bendito veíamos todo. 

Un bondi después ya estábamos en Humahuaca, que fue el principio del viaje que esperábamos. Nos dio un poco de nostalgia por Adri, al que habíamos artado prometiendo eso que ahora encontrábamos ahí, y porque el Norte, más allá de los magníficos lugares naturales, guarda una onda que si uno conoce nunca olvidará. Con esa “carga”, pero chochos de la vida por ese encuentro, nos acomodamos en la Casa de Carlitos, que queda a una cuadra de la estación de colectivos, justo al lado de una almacén que tiene pintado una especie de Che Guevara al que debieron ponerle abajo “Che Guevara”, por lo irreconocible del dibujo. Esa casa sembró recuerdos y amistades que creo van a perdurar. Nos sentimos como nunca allí, y el gusto fue tal que en cada destino, por espectacular que fue, nos quedamos dos o tres días. No más. Humahuaca nos vio en sus calles, su plaza, sus cerros y ese lugar de encuentro y bailes que fue el patio de la casa, durante largos y placenteros cinco días. Y nos fuimos mariconeando eh. Allí quedaron además de las peñas, las clases de chacarera con el profe Mati, Lucía (mi china pal baile) y las dos Anitas (una de ellas de la France), el genio musical de Galo, Santi y la gracia del francés Benjamín, una pila de buenos momentos.

Uno fue sin dudas (jajajaj, mundial) el “asado de sal”, a manos del loco del vino. Hay muchas versiones al respecto: una dice que el flaco le puso tanta sal (pero no se dan una idea de lo que es “tanto”… digamos que se veían los granos de sal gruesa en fila, y uno tenía que sacarlos con la mano de arriba de la carne) para que tomáramos más vino, porque es una tradición copada poner en pedo a los visitantes. Otra postura afirma que uno de los tres asadores (súper parrilla ya que éramos como 20 pa comer) saló previamente la carne, pero uno de los que vigilaba en fuego le puso sal en la parrilla, cuando este salió por el vino, y que un tercero la volvió a salar cuando la dio vuelta. La última asegura que el flaco vivió mucho en Uyuni, y desde allí todo es “sal y otras cosas…” para él. En fin… fuego te salía de la boca. Y las papás a la parrilla? Ah… espectacular: “coman, coman que tiene ají picante y pimentón nomás…”, decía. Por supuesto que sobraron papitas… y muchos recurrieron para armonizar la cosa, a la ensalada de zanahoria y… y… ajo!, pero qué hijo de p…

Así de apestosos y todo, esa noche, y la siguiente y las otras dos, la peña “De Ahicito” (grande Raly!) nos vio zapatear a lo loco, gracias a la santa paciencia de Lucía (mi ya titular compañera de baile) y Anita, genias entre pocas. Y pensar que mientras escribo esto, allí se sigue a puro bailecito, chacarera, carnavalito… mucha envidia.

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Cuando el viaje concluía, entre abrazos y promesas de regreso, nos fuimos con el joven Doc Luciano, Tere, Barbi, Ana, Pato y Rome para Parmamarca, a vivir la juntada de las comunidades de Jujuy que bajan de los pueblitos y las montañas para compartir su cultura a través del canto. Pasamos la noche en Tilcara para sacarnos las ganas con la peña del Quincho, y después regresamos en una eterna caminata por la ruta. Más guitarras y días de plaza, con la gracia de la zamba en lo de Claudia Vilte, el larguísimo camino al camping de José, las compras compulsivas de mantas para la vieja, sweaters para los sobrinos, charango y demás “baratijas acomoda tías”, se nos fueron las últimas imágenes del Norte, incomparable, certero, inmortal, agotando este regalo que fueron las vacaciones.

Lo demás, es lo de menos.

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“Ay quién pudiera volverse el duende en la salamanca,

ser el alma de las coplas, chacareras y vidalas… 

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Andar por los carnavales, y en las huellas jumialeras

cantar medio machadito, de farra por las trincheras”.

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Descalzo por los caminos

diciembre 27, 2007

En pocas horas el tridente estará en el Norte, y de allí partiremos a Bolivia, en un viaje que promete mucho.  Amigos, guitarras y la tierra de los mil colores. Allá estaremos.

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Por qué nos caemos?

diciembre 21, 2007

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Para aprender a levantarnos…